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Cómo ayudar a tus peques a gestionar la frustración sin perder la paciencia

Hay días en los que tu peque explota por algo que, desde fuera, parece mínimo. Igual porque no quería ese vaso y quería otro, porque el dibujo no le ha salido como esperaba o porque hoy viene cansado del cole y todo le afecta más. Y llega un momento en el que tú también te desgastas intentando mantener la calma mientras piensas qué hacer para ayudarle.

Cómo ayudar a tus peques a gestionar la frustración sin perder la paciencia

Cuando estas situaciones se repiten, es fácil pensar “mi hijo o hija se enfada por todo”. Pero detrás de muchas rabietas no hay un problema de comportamiento, sino una emoción que todavía no saben manejar. La frustración forma parte del crecimiento y aprender a gestionarla lleva tiempo. Igual que aprenden a leer o a montar en bici, también necesitan desarrollar herramientas emocionales para afrontar lo que no sale como esperan. Ahí es donde el acompañamiento adulto cambia mucho las cosas. No puedes evitar que se enfaden, pero puedes enseñarles a atravesar esas emociones sin quedarse atrapados en ellas.

¿Por qué algunos niños y niñas se frustran con tanta intensidad?

Cada peque tiene un temperamento diferente. Hay quienes toleran mejor la espera, los cambios o los errores, y otros que viven cualquier dificultad como algo enorme. Y eso forma parte del propio proceso de aprendizaje emocional.

Durante la infancia todo se vive de forma mucho más intensa. Están descubriendo constantemente cómo funciona el mundo y también cómo funcionan ellos mismos. Y cuando aparece un límite o las cosas no ocurren como esperaban, la frustración infantil aparece con mucha fuerza. Y es completamente normal que ocurra.

Además, hay situaciones que hacen que esa sensación aumente todavía más:

  • Llegar cansados después del cole.
  • Tener rutinas demasiado exigentes.
  • No encontrar las palabras para expresar lo que sienten.
  • Compararse con hermanos, amistades o compañeros de clase.
  • Acostumbrarse a obtener respuestas inmediatas constantemente.

Vivimos rodeados de estímulos rápidos y de inmediatez. Todo ocurre ya: los vídeos duran segundos, las pantallas responden al instante y casi nunca tienen que esperar demasiado para entretenerse. Por eso, el autocontrol infantil y la tolerancia a la frustración necesitan entrenarse poco a poco, igual que cualquier otra habilidad.

Qué pasa cuando intentas cortar el enfado demasiado rápido

Es normal querer resolver una rabieta cuanto antes, sobre todo en esos momentos en los que vas con prisa o tienes un día con más estrés. Ahí suelen salir frases automáticas como “no pasa nada”, “ya está” o “deja de llorar”. El problema es que, en ese momento, tu peque sí siente que lo que le pasa es importante.

La mayoría de veces no necesita que soluciones el problema inmediatamente, sino sentir que alguien entiende cómo se siente. Por eso, en crianza consciente, se habla tanto de acompañar antes de corregir. Porque cuando un niño o una niña se siente comprendido, le resulta mucho más fácil bajar la intensidad emocional.

Y eso no significa permitir cualquier comportamiento, los límites siguen siendo necesarios. Si pierde una partida y tira las piezas del juego, puedes corregirle sin ignorar la emoción con una frase como “Entiendo que estés enfadado porque querías ganar, pero no puedes tirar las cosas.”

Puede parecer una diferencia pequeña, pero cambia mucho la forma en la que viven ese momento. El peque entiende que enfadarse es válido, aunque haya cosas que no pueda hacer cuando siente esa rabia.

Cómo enseñar a gestionar la frustración en niños y niñas

La gestión emocional se trabaja paso a paso y, casi siempre, en situaciones muy cotidianas. En cómo reaccionas cuando algo no sale bien, en cómo acompañas un mal día o en esos momentos en los que tu peque necesita ayuda para entender qué le pasa.

Poner nombre a lo que sienten

Muchos peques reaccionan con rabia porque todavía no saben explicar qué sienten realmente. Ayudarles a identificar emociones es una de las bases de la inteligencia emocional en niños.

En lugar de preguntar solo “¿qué te pasa?”, puede funcionar mejor:

  • ¿Te has sentido frustrado porque no te salía?
  • ¿Te ha dado rabia tener que parar?
  • ¿Estás triste porque querías seguir jugando?

Así, cuando van aprendiendo a reconocer lo que sienten, también van aprendiendo a gestionarlo.

Darles espacio para intentarlo

A veces, casi sin darte cuenta, intervienes demasiado rápido para evitar el enfado. Terminas aquello que les estaba costando o solucionas la situación antes de que puedan afrontarla por sí mismos. Pero la frustración también necesita espacio. Porque cuando intentas resolverlo todo inmediatamente, sin querer, el mensaje que reciben es que no pueden hacerlo solos.

Eso no significa dejarles solos ante todo, significa acompañarles sin resolver inmediatamente cada dificultad. Es estar cerca mientras prueban, se equivocan y vuelven a intentarlo.

La importancia de aprender que equivocarse es normal

Parte del desarrollo emocional infantil también tiene que ver con cómo viven los errores. Porque cuando un peque siente que fallar es algo negativo o que todo tiene que salir bien a la primera, la frustración aparece mucho más rápido. Y ahí tu ejemplo influye muchísimo más de lo que parece.

Tu hijo o hija observa cómo reaccionas cuando algo no te sale bien o cuando un día pierdes la paciencia. Por eso, intentar gestionar esos momentos con más calma también les ayuda a construir una relación más sana con el error.

Frases sencillas como “hoy no me ha salido como quería”, “voy a volver a intentarlo” o “equivocarse también forma parte de aprender” pueden convertirse en referencias emocionales importantes para ellos. Porque aprender a gestionar la frustración no consiste en evitar que lo pasen mal constantemente. Tiene más que ver con ayudarles a entender que pueden atravesar esos momentos sin venirse abajo.

Rutinas que ayudan al autocontrol infantil

Las emociones intensas suelen aumentar cuando hay cansancio, hambre, exceso de estímulos o falta de descanso. Por eso, las rutinas tienen un papel importante en la regulación emocional.

Algunas ideas que te pueden ayudar:

  • Mantener horarios estables de sueño y comidas.
  • Reservar ratos sin pantallas.
  • Tener momentos tranquilos después del cole.
  • Favorecer el juego libre.
  • Avisar con tiempo cuando vaya a haber cambios. La anticipación les da seguridad y les ayuda a sentirse más preparados para lo que viene.

También influye algo que muchas veces pasa desapercibido y es el ritmo al que viven. Cuando todo pasa deprisa y apenas hay momentos de tranquilidad, tolerar la espera o gestionar la frustración se vuelve mucho más difícil.

Qué hacer cuando tú también estás al límite

Acompañar emociones intensas no siempre es fácil. Hay días en los que mantener la calma parece misión imposible, y eso también es humano.

Si notas que vas a perder la paciencia, algo tan simple como respirar un momento, bajar el tono de voz o decir “necesito tranquilizarme un segundo” ya cambia completamente la situación. Porque tu peque también aprende viendo cómo gestionas tú las emociones difíciles.

La educación emocional infantil ocurre sobre todo ahí, en esos momentos cotidianos que parecen pequeños pero que terminan enseñándoles muchísimo sobre cómo relacionarse con lo que sienten.


Aprender cómo gestionar la frustración en niños lleva tiempo, práctica y mucha repetición. Habrá avances, retrocesos y días mejores que otros. Pero cada vez que un peque consigue expresar lo que siente sin hacerse daño ni hacérselo a los demás, está desarrollando herramientas emocionales que le acompañarán toda la vida.

Publicado en Responsabilidad Social Corporativa